
Qué paradoja que la presidenta, con un grado académico alto obtenido en la UNAM, enfrenta una crisis en la educación superior bastante seria. De un lado, el uso de inteligencia artificial en el examen de admisión nos deja con muchos alumnos tramposos y buenos alumnos fuera, ambos peleando por su lugar, y la solución de que entran a estudiar a la Universidad Rosario Castellanos no fue bien recibida por ninguna parte. Por lo pronto, hay que planear la recuperación de ese examen con los costos y tiempos que eso implica, lo cual podrá dejar a por lo menos la mitad de la generación, aquella que no tiene pase automático, fuera de la máxima casa de estudios. Del otro lado, después de casi dos meses, se pudieron recuperar las instalaciones del Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional que habían estado tomadas por estudiantes inconformes. Descubrieron que se dañó y se robó equipo, se destruyó buena parte de la videoteca de 67 años de antigüedad y se hicieron daños irreparables a las instalaciones del canal. Ahora es el dilema. La presidenta dice que fincará responsabilidades penales a los culpables. ¿Por qué en el Poli sí y en la UNAM se permite la toma y destrucción del auditorio Justo Sierra por décadas? ¿Por qué se sancionará a los responsables de este delito, pero se premiará a los tramposos de la UNAM asegurándoles lugares en otras escuelas y con la posibilidad de repetir su examen? Para donde se mueva, nos estamos acercando a un conflicto estudiantil como no se ha visto desde 1968. Un Gustavo Díaz Ordaz parece posible en el horizonte. Y no hay que olvidar, que la presidenta viene del CEU de la tremenda huelga de 1986. Armando Monsivais (Monsi) en Milenio
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