
El gobierno de la República niega que el derrame de petróleo en el Golfo de México sea culpa de PEMEX. Casi tres meses después, tiene que salir a despedir a tres funcionarios y reconocer que sí era responsabilidad de ellos. El gobierno de México niega un incendio en la refinería de Dos Bocas. Tres días después, tiene que salir a reconocer que, en efecto, hubo problemas en una de las conquistadoras y estalló, pero que “no es grave”, porque se puede reparar rápido, aunque se estima de dos a tres semanas en poder terminar la valoración y reparación inicial. El gobierno de México dice que el accidente del ferrocarril interoceánico es responsabilidad del conductor, el maquinista y alguien de oficinas. Pero niega que se usó mal material, que no había radios, que había problemas en la compra de los equipos viejos, que no se recondicionaron bien. En fin, que la responsabilidad queda en los de abajo, nunca sube, y a final de cuentas trata de esconderse con puras mentiras en la mañanera. ¿Qué es lo grave? Que la población ya empieza a dudar de lo que se dice ahí y eso es el peor escenario para un gobierno cuyos principales logros son, según ellos, una adecuada comunicación social, circular y de cara al pueblo. Perujo en El Economista.
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