
Guadalupe Taddei no aguantó una semana de escándalo y tuvo que poner su renuncia ante el INE, no solo porque asignara contratos irregulares, que aceptara viajes para su hijo pagados por un proveedor, o porque este le hiciera fiestas, pachangas y hasta arrumacos en público, sino porque todo se grabó y se hizo público. A pesar de que ella salió a negar las acusaciones con frecuencia e intensidad, ya se sabe que el ridículo en política es más grave que el cometer delitos como asignación de contratos, conflicto de interés, violación de los procedimientos de adquisición y manipulación constante de la verdad. El punto es que lo que parecía un mero escándalo con su chofer, terminó llegándole al ridículo de que se supiera que le entregó contratos irregulares a José Alfredo Hernández Casillas y hasta le dijo «yo contigo y un fideíto soy feliz». A ver cuánto tiempo le dura el corazón roto una vez que el tal Fito se vaya con todo y contratos. Chavo del Toro en El Economista.
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