Que César Jáuregui, exfiscal de Chihuahua, fue acusado por la Fiscalía General de la República (y con autorización del Gobierno de su Estado) por traición a la patria y uso indebido de la función pública. Esto porque autorizó la entrada de los agentes de la CIA a Chihuahua armados, sin haberle informado previamente al gobierno federal e incluso a la propia gobernadora, la que quedó en ridículo por haberlo defendido, sin tener todos los detalles a la mano. Es decir, sabía que habría agentes, no que estarían armados. Dicen que hizo eso para impulsar su propia candidatura a alcalde. Pero al final sí vivirá a partir del erario público, pero en una prisión, no en una nómina. Y como bien dice Magú en La Jornada, nomás no lo fusilan porque no hay dinero para las balas. Pero no olvidemos que la última sentencia condenatoria por ese delito fue precisamente en el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo y sus generales en 1867. Y aunque se ha acusado a Peña Nieto y a Calderón de eso, y recientemente a una persona involucarda en la entrega del Mayo Zambada, no ha pasado de un mero oficio para generar noticia, nada serio.
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