
Vaya escándalo que se generó por la muerte de dos agentes de la CIA en Chihuahua. El gobierno federal presiona al gobierno estatal, el Congreso cita a la gobernadora y se asume que es una traición a la patria permitir que los agentes extranjeros operen en el territorio nacional. Sin embargo, dejan de lado que estos eran parte de una estación de 10 agentes estacionados en Monterrey, y que su participación en el territorio mexicano es constante, se diga o no se diga. Así que desgarrarse a las vestiduras porque “están en Chihuahua” es no reconocer que son un enemigo íntimo. Darío en El Universal.
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