
En el PRI no lo querían porque rompió con ellos, acusándolos de poco democráticos. En el PAN no lo querían porque era el eterno rival a vencer. En el PRD no lo querían porque no ganó la presidencia dos veces con sus siglas, aunque los haya hecho nacer, y porque dejó a AMLO a cargo del changarro. Movimiento Ciudadano, PT y Verde no lo querían porque no aceptó ser su candidato. Y en Morena no lo querían porque él sí era congruente e institucional; lo consideraban traidor y en mucho tiempo, entre perredistas y morenistas, acusarse de ”cardenista” era ofenderse gravemente. Además de que arroparon al autor del presunto fraude de 1988. Trató de ser un hombre congruente, que luchó por la democracia, pero siempre por la vía institucional, que ayudó a la creación del INE al exigir que se ciudadanizaran los procesos electorales para evitar que el gobierno controlara todo a la vez, y no dejó de ser una voz crítica y profunda, como cuando acusó al gobierno anterior de autoritario y totalitario. Por eso, ahora que el PRI dominante ha vuelto al poder, ahora con color guinda, que le hagan un homenaje y digan que fue su líder, su ejemplo y su personaje a seguir, suena a mentira y a lágrimas de cocodrilo. O que sus opositores digan que sin él no se entendería el desarrollo del país por la vía democrática. Perujo, citando aquella canción célebre de Chava Flores: «Cerró sus ojitos Cleto”. Descanse en paz el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
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