
Ya lo dejó claro el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau: tener una visa es un privilegio, no un derecho, y ellos deciden a quién se la dan. Esto a colación de que a Andrés Manuel López Beltrán, el polémico hijo de Ya-Saben-Quién, le retiraron su visa. Escribió una carta diciendo que «lo hacen por injerencismo», por «quererse involucrar en la política nacional», con ánimo de dañar al país y que deberían devolvérsela. Al fin y al cabo, él no quiere ir a ese país que está denigrado, podrido, sin valores y perdido desde que a Donald Trump sus colaboradores le esconden cosas y deciden sin preguntarle. Pero se le olvida un detalle: él no es La Patria. Ni siquiera es funcionario público. Es un ciudadano más, y presuntamente está siendo investigado por huachicol fiscal y vínculos con el crimen organizado en aquel país. Lo que él haga o deje de hacer acá o su candidatura a diputado en Tabasco es irrelevante para Estados Unidos. No es una autoridad o una figura que requiera un trato especial. ¡Vaya! Ni siquiera es el príncipe heredero en una monarquía, aunque eso se crea. Su padre fue presidente, sin duda, pero de eso a que él tenga que ser bien atendido porque es alguien importante o porque quitarle su visa sea algo negativo para el país, está mal. No va por ahí la cosa. Ya se sabe cómo funcionan estos jóvenes que se creen que son lo que su papá no fue: los grandes héroes de la patria y los salvadores del futuro. Eso sí, el único grave riesgo es que quieran utilizar esto para pedir que se anulen las elecciones del 2027 si pierde Morena, alegando que hubo injerencia de Estados Unidos en el proceso por señalar como delincuente a un potencial candidato. Se pasan. Rictus en El Financiero.
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