Fue una mala semana para la democracia. De un lado, Donald Trump pidió una cadena nacional que no todos los medios quisieron cubrir, porque tenía un aviso muy importante. Y el aviso era insistir en que en 2020 le robaron la elección, que ya tenía más pruebas, que iba a impedir unos cambios a las reglas electorales para evitar que se repita un fraude como el que le cometieron. Y que les quitaría la concesión a todos los medios (radio y televisión) que no transmitieron su mensaje en vivo. Lo curioso es que no presentó nueva evidencia; de hecho, no presentó evidencia sobre lo que decía. Al mismo tiempo, lideresas de MAGA, su movimiento, presentaron una propuesta para que solo se pueda emitir un voto por familia y que lo ejerza el hombre, porque alegan que “las mujeres tienden más a comprar la propaganda demócrata, liberal y woke”, y que eso hay que quitarlo de la toma de decisiones públicas. Que porque las mujeres “están más propensas a votar por mujeres, latinos y negros” y eso no es lo que Dios quiere. Del otro lado, en Nicaragua, el dictador octogenario Daniel Ortega, quien ha estado en el poder ininterrumpidamente desde el 2007, dijo que “hay que eliminar totalmente las elecciones porque no va a reconocer jamás un triunfo de la oposición” y no tiene caso hacerlas, si solo podrán estar los candidatos de su partido y que él elija. Total, podrán ser muy de extrema izquierda o de extrema derecha, pero su propuesta es la misma: que la gente no vote y que ellos, que sí saben lo que hay que hacer y que no necesitan la opinión de nadie, en particular si los van a criticar. Hoy sí estamos al 100 % de acuerdo con Fisgón en La Jornada: Los extremos se tocan y ellos se entienden…
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