
Menos de 90.000 personas de un país de 134 millones podrán estar presentes en el Estadio Azteca (aunque le pongan Estadio Ciudad de México o Estadio Banorte, siempre será el Azteca; y no le gusta a los dueños de Televisa porque hace referencia a su principal competidor en televisión. Pero ni modo, para el imaginario popular seguiría siendo el Azteca) para ver la inauguración de un tercer Mundial en México. En algo nunca visto, por tercera vez en la historia, nuestro país es sede de la Junta Mundialista. A diferencia de las anteriores, el costo de los boletos hace que más de la mitad de esos 40 mil lugares sean para patrocinadores extranjeros y personas que no son mexicanas. Y no por xenofilia, sino porque están carísimos para la gran mayoría de nosotros. Además de con las protestas y riesgos que presentan grupos como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación o las Madres Buscadoras, que amenazaron con bloquear los accesos al estadio, el círculo de seguridad será a dos kilómetros del mismo. Habrá 60,000 policías para crear un evento de menos de 90,000 personas. Si no tienes un boleto legal y legítimo en la mano, no podrás ni acercarte. En resumen, veremos el Mundial en la tele, como si fuera en cualquier otro país, pero muchas de las molestias serán más duraderas. Por ejemplo, hoy siguen cerradas Paseo de la Reforma y Bucarelli, están cerradas las terminales 1 y 2 del aeropuerto por aquello de que hay manifestantes afuera, a pesar de que estamos a 24 horas de que ruede el balón. ¿Se imaginan cómo se va a poner el día de mañana? En fin, al jugador número 12, la afición, nuestra solidaridad y apoyo. Y a los otros once: “¡Vamos, muchachos! Ya lograron lo. más difícil: poder entrar al estadio”. Rictus en El Financiero.
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