
Era el segundo hombre más poderoso del Gobierno. El Secretario de Gobernación, capaz de destruir opositores y alinear cuatro teístas. Su jefe le decía “hermano”. Se auguraba que el plan A era Claudia, pero él era el Plan B si por algo salía mal: que fuera poco carismática, si se probaba desleal o si no levantaba el voto “por ser mujer”. Tenía, además, una de las obras emblemáticas en su terruño: Dos Bocas. Y se podía dar el lujo de reubicar jirafas para quedar bien con una dama. Pero ahora… ahora ni las moscas lo siguen, está abandonado y se rumora que le quieren quitar la coordinación en el Senado. La vida cambia… y a veces no es para mejorar. Alarcón en El Heraldo.
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