Como en el popular juego “Serpientes y escaleras”, Rocha en La Jornada, nos ilustra la situación de la Marina con el huachicol fiscal: el presidente López Obrador les dio el control de los puertos a los marinos porque “son honestos y no se van a dejar corromper”. Pero ahora resulta que dos sobrinos del ex secretario de marina, vicealmirantes ambos, están involucrados: uno encarcelado y el otro prófugo, con al menos diez barcos con millones de litros autorizados a desembarcar por ese par. Y, suponiendo sin conceder, que todo fue culpa de unos malos elementos, lo cierto es que dañan el prestigio y el honor de la Secretaría, y desmienten el enfoque idealizado del expresidente. No basta ser militar para ser honesto. Ni ser de la Cuarta Transformación u obradorista. Ser honesto es otra cosa; que no los excluye a ellos, pero que tampoco es condición suficiente serlo para ser honestos. Y lo que ya se sabe: la celeridad de la FGR…
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