
Con el 75 % de los votos, Jorge Romero ganó la presidencia del Partido Acción Nacional. Pero votó menos del 40 % del padrón. Y su popularidad, fuera del partido, es aún menor: se le considera parte del bloque más corrupto del PAN. Desde sus tiempos de alcalde en Benito Juárez, se le consideraba el verdadero líder del “cártel inmobiliario”, cuyos escándalos le costaron al PAN el gobierno de la capital de la república. Pero no solo dijo que “van a reconstruir el PAN bajo su dirigencia”, sino también alegó que “no le han podido probar nada”. No dijo que era inocente, solo que “no le han podido probar nada”. Igualito que Alito. Con esta oposición, Morena tiene todo listo para quedarse muchos años en el poder. Lo único bueno es que se va Marko Cortés, el líder panista que más posicione ha perdido: redujo las bancadas en ambas cámaras, pasó de 12 a 5 gubernaturas y no pudo ganar elecciones en las que llevaba 20 puntos de ventaja, como la Ciudad de México. Por eso dice Rapé en Milenio que seguro hará negocios turbios con la “reconstrucción del PAN”.
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