
Vaya dilema que tienen los brasileños. Entre reelegir a Lula o escoger otro Bolsonaro, están entre el malo y el peor, sin saber bien a bien cuál es cuál. Además de que la diferencia está tan cerrada que cualquiera de los dos puede ganar, aunque el presidente va abajo. Lo único bueno es que, como nunca más eran campeones del Mundial, su vida ya no tenía sentido desde antes. O al menos eso sugiere Patricio en El Sol de México. Lo que sí leímos en un análisis durante el Mundial, es que uno de los problemas de la selección brasileña es que la mayoría de los jugadores ahora son evangélicos con un sentido de la salvación individual, cuando antes eran de un catolicismo sincrético con las religiones afrobrasileñas (candomblé y umbanda), por lo que tenían un sentido comunitario mucho más amplio. Además de que venían de estratos más pobres donde el fútbol era su única salida de movilidad social; hoy ya son figuras antes de llegar a la selección y tal vez eso ayuda a que no ganen. Les falta hambre y les sobra individualismo.
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