
Dice el buen libro: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo si pierde su alma?”. Algo parecido le sucede a Amilcar Olán, quien, a pesar de fugarse con 77 millones de euros, unos mil cuatrocientos millones de pesos, fue detectado en Suiza y tuvo que abandonar su casa, la escuela de sus hijos y salir corriendo nuevamente. Eso lo hace a fin de evitar tanto a las autoridades del país como a las de Estados Unidos: a sus exsocios, los López Beltrán; así como a los exsocios de sus socios, que de seguro no quieren el dinero de vuelta, sino que pague con su vida. Ahora, después de que lo descubrieron unos reporteros de TV Azteca en Suiza, se dice que está ubicado en Sevilla, España, y que su próximo destino será Dubái. Sin embargo, su larga cola del grupo Tabasco no lo dejará, aunque siga huyendo por todo el mundo. Pobre niño rico, ¿de qué le sirve ganar lo que ganó, si nunca más podrá vivir en paz? Rictus en El Financiero.
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