Pues a pesar de que el tema de oponerse a la Reforma Energética los unía, la verdad es que pasó sin muchos problemas y un poco de aspaviento al aprobarse en San Lázaro. 25 diputados tomaron el salón de plenos e hicieron barricadas con las curules; el «cerco a San Lázaro» no pasó de un campamento testimonial, e incluso los casi 130 votos en contra no frenaron la iniciativa. Pero como dice López Dóriga en su columna de hoy en Milenio: «Ni siquiera la defensa del petróleo y contra dicha reforma pudo unir a esa izquierda, pequeño universo en el que por un lado iba el movimiento de López Obrador y su desobediencia civil; por el otro, separado, la CNTE y más allá el PRD con sus corrientes y tribus, donde buscando lo mismo, Cuauhtémoc Cárdenas no marcha con René Bejarano, que sí lo hace con Jesús Zambrano y donde no aparece Marcelo Ebrard. Sus diferencias son tan profundas, que ni sus coincidencias los pueden unir. De ahí sus divisiones, de ahí su debilidad y de ahí su fracaso en las luchas que emprende como se acaba de confirmar con la aprobación de la reforma energética, donde pudieron más sus protagonismos y rencores que el objetivo común de frenar las modificaciones constitucionales en el capítulo energético. Por eso, cuando escucho en las marchas ese coro de que la izquierda unida ¡jamás será vencida! confirmo que la división está en su naturaleza». Así es, y lo preocupante, como dice Magú en La Jornada, es que sea el propio Peña Nieto quien termine reformando a la izquierda… porque ya ni con un milagro guadalupano pueden seguir así. Para unos es la Virgen MORENA y para otros Nuestra Señora del Tepeyac…
