
Cuando compramos la refinería Deer Park en Texas, parecía una buena idea. Costaba menos de lo que iba a ser la inversión original en Dos Bocas (que se triplicó). Estaba lista de inmediato (y no en tres años, que se volvieron seis) y permitía aumentar la producción en casi 300 mil barriles. Con un detalle: estaba fuera del territorio nacional y por lo tanto, sujeta a que nos aplicaran algún freno a las exportaciones de Estados Unidos. Pero podías contarla como parte del Sistema Nacional de Refinación, pero estrictamente no de la producción nacional. Es decir, para la meta de generar soberanía no bastaba, pero vaya que ayudaba al abasto. Sin embargo, a unos cuantos años de la compra, ha tenido más accidentes de los que tuvo en sus casi 100 años de historia: paros técnicos, derrames, incendios y hasta explosiones, el más reciente, ayer. Así que, como bien dice García en El Financiero, nos consiguió la soberanía en accidentes de petróleo. Entre ella y Dos Bocas llevan más accidentes en los últimos años que el resto del SNR junto en dos décadas.
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