
Y ahora que la Suprema Corte de Sanación sigue avanzando en sus primeros pasos y “aprendiendo” con sus errores, ya empiezan a notarse algunos cambios. Por ejemplo, ya desistieron de meter público a las sesiones; ya vieron que un tema tan técnico y difícil termina aburriendo a los estudiantes, molestando a los ministros y que hace falta tener espacio para sus asesores. También, en algo que ha sido énfasis del presidente y no siempre útil, pero se agradece, ahora todas las sentencias tienen un componente de derechos humanos. No importa de qué asunto sean, pero lo llevan. Así se trate de un párrafo inconexo con el resto de la sentencia. Pero es una buena señal. Y sí, ya empezamos a tener razonamientos como aquel de un particular que le reclamó una indemnización a un municipio por un daño físico que recibió por negligencia, y el argumento es que se pague menos, o de plano que no se pague, “porque es mucho dinero que el municipio no tiene y que le hace falta para necesidades más apremiantes que cubrir una sentencia”. Ya lo que sigue es que sigan intentando meterle sketches cómicos o defensas abstractas “al pueblo” y golpes directos a cada uno de sus integrantes. Por ejemplo, que los quejosos griten “¿Y ahora, quién podrá defendernos…?”. Garcí en El Financiero.