
Ya dijo la presidenta Sheinbaum que “no intervendrá en lo más mínimo en las decisiones de la Suprema Corte”. Pero la verdad es que no se le cree, ni aunque lo jure por Quetzalcóatl: participó en la manipulación de la ley, avaló el uso de acordeones, hizo que el primer presidente sea indígena, a pesar de nunca haber sido juez y “aplastó” a las tres ministras cuatreras que andaban por allí desde antes. Y en los órganos de control judicial quedaron a cargo personas de su equipo previo, y no las que tenían más perfil y experiencia para los cargos.. Pero no, no se va a meter. Horax en Milenio..