
Primer informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Llega con una popularidad superior al 75 %, la más alta de todas las registradas desde que se empezó a medir ese indicador. Tiene buenas cifras en temas como inseguridad y reducción de la violencia, aunque algunos puntos, como Culiacán, estén prácticamente en guerra civil. La entrega de casi 50 jefes del narcotráfico a EE. UU., el combate al fentanilo y al huachicol son opuestas al “abrazos, no balazos” de su antecesor y hay que festejarlos. Su toma por asalto de la mayoría calificada en el Senado de la República es un retroceso democrático. El desabasto de medicinas, las obras faraónicas, costosas, inútiles e inconclusas es otro flanco abierto. PEMEX y CFE, barriles sin fondo, siguen atorados entre una retórica nacionalista y una carencia de recursos monetarios. Pero de todo lo hecho, bien y mal este año, sin duda destaca el final del Poder Judicial como un cuerpo profesional y autónomo, volviéndose un esperpento de novatos ignorantes y atentos a su popularidad más que a su profesionalismo, desde la Suprema Corte hasta la más modesta instalación donde opere un juez de paz. Rictus en El Financiero.