Si los resultados se confirman, el próximo presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación será Hugo Aguilar, abogado de origen otomí. Por lo menos, le tocará presidir el Pleno por dos años. Y si bien tiene experiencia en derecho administrativo, llama la atención que, por experiencia profesional y calidad argumentativa, la nueva Corte tendrá un nivel académico y profesional preocupantemente bajo. Y no nos referimos a su etnicidad, género, clase social o formación escolar. Nos referimos a que no tienen experiencia como juzgadores, por lo que parece difícil que la hagan mejor que los actuales, que tenían en algunos casos más de 30 años de experiencia laboral dentro del Poder Judicial. Ahora, que el argumento ridículo que presenta Hernández en La Jornada nos sacó una buena risa: está simpático. Mucho. Pero seremos francos: si nos gustaría una aristocracia, en el sentido de “gobierno de los mejores”. No de los ricos ni de los de clase alta: de los mejores. Y cuándo entre los electos hay una ministra burra y una ministra pirata, preocupa el nivel —-aunque tenga mayoría de mujeres y lo presida un indígena-—.