
Que las policías estatales y municipales le piden armas a Santa Claus parecería un chiste (como el que hace Horax en Milenio), pero es en realidad una tragedia. Los gobiernos locales tienen que destinar sus escasos recursos a muchas cosas, entre ellas a seguridad pública, en tanto que los narcos pueden tener abundantes borbotones de dinero para comprar equipos… y hasta comprar mandos policíacos. El gobierno federal prefiere equipar la Guardia Nacional y seguir con los “abrazos, no balazos”, no vaya a ser que se enojen sus amigos narcos. Y entre recibir plata o plomo, ya sabemos lo que muchos prefieren. Es triste la situación, pero los entendemos. Porfavorcito, Santa, hazles caso. Porque en la 4T no hay ni lanas ni ganas.
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