
Se resistió a hacerlo. No quería hacerlo. Es la primera vez desde Lyndon B. Johnson que un presidente que puede hacerlo, por llevar solo un periodo, no buscará la reelección. También es la primera vez en casi 45 años que en una boleta presidencial no se verán los apellidos Bush, Clinton o Biden (George Bush, vicepresidente 1981-1989; presidente, 1989-1994; Bill Clinton, presidente 1993-2001; George W. Bush, presidente 2001-2009; Joe Biden, vicepresidente 2009-2017; Hillary Clinton, candidata presidencial 2017; Joe Biden, presidente 2021-2024). Pero no le quedaba opción: mientras su rival se anuncia como “elegido de Dios” por haberse salvado de un atentado, a él le da COVID. Mientras su rival habla por dos horas (sin decir nada significativo), él trata de despedirse de beso de su esposa… volteando al lado contrario de dónde estaba Jill y sin darse cuenta de quién era esa mujer; o diciendo que apoya al presidente de Ucrania, Putin. O diciendo que confía mucho en su secretario de Defensa, “un negro muy capaz, del que no recuerdo el nombre”. Muchos donantes demócratas optaron por “congelar” sus donativos, en tanto no se retirara. Y, al final, logró un acuerdo: que lo dejen acabar su presidencia —que no lo despidan o lo declaren incapaz, pues— y él no será candidato a la reelección. La duda es si la caída del pegaso no ocurre muy tarde como para poder evitar la debacle que representará un segundo gobierno de Trump, ahora más a la derecha, más violento y dispuesto a quedarse por mucho más tiempo. Horax en Milenio.