«El más grande atentado desde el 11-S» se perpetró este fin de semana en Orlando, Florida, cuándo un simpatizante de ISIS disparó al interior de un club gay, matando a 50 personas e hiriendo a 53 más, antes de ser abatido por la policía. Comentó su padre que «le ofendía ver a hombres besándose». Una oleada de condolencias a nivel mundial -a las que nos sumamos- fue seguida de una ola de oportunismo político: dado que Donald Trump se ha declarado por acabar con ISIS -incluso usando armas nucleares- un ataque terrorista de este nivel llevará más personas a simpatizar o incluso votar por él… Incluso el gobernador de Florida, republicano, insistió mucho que no era un crimen de homofobia, sino un atentado terrorista. Pero en Florida es ilegal que una persona gay done sangre, por ejemplo… Hernández en La Jornada.
