Umberto Eco se definía a si mismo como «un filósofo que escribe novelas». Y a través de trabajos como «El nombre de la rosa» y «El péndulo de Foucault» aportó a millones de lectores en todo el mundo con herramientas para entender la semiótica, el análisis, manejo y estudio de los signos y su significado de una manera afable y entendible. Eso sin contar textos como «Apocalípticos e integrados», texto vital en las carreras de comunicación y periodismo. Descanse en paz y ojalá encuentre en su nueva etapa los sentidos de los signos más allá de la vida. Nerilicón en El Economista.
