A menos de 15 días del arranque del Mundial de fútbol, Dilma Russef, presidenta de Brasil tiene un dilema: el descontento social está creciendo, las protestas aumentan y las amenazas de los habitantes de las favelas no disminuyen: «No queremos fútbol, queremos comida». y «Si no hay solución, habrá revolución». Veremos si se logra una salida negociada, se aplica la represión selectiva o la represión generalizada. O, en el peor de los casos, el Mundial se arruina por las protestas sociales. Y, para colmo, hay juegos olímpicos dos años después… Helguera en La Jornada.
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