Como los antiguos Césares romanos, el gobernador de Texas James Richard Perry no perdonó la vida al mexicano Édgar Tamayo, y sólo alargó su agonía al postergar tres horas su ejecución. No en balde es el gobernador que más ejecuciones ha realizado en Estados Unidos. Y podrá alegar Rick Perry que tenía que «hacer justicia» al hacer cumplir la ley, en lo que para la mayoría de los países del mundo es sólo venganza, no justicia. Pero así pasa… «Ave, César… los que van a morir te saludan» decían en el circo romano, y bien pudo decirse sobre el circo mediático de ayer. Espero que, cuando la ley local obligue a la ejecución de un americano en otro país, apliquen la reciprocidad. Rapé en Milenio.
