En profunda crisis se encontraba la Iglesia Católica: de un lado, los escándalos de encubrimiento de pederastria y los juicios con demandas millonarias por ese hecho; por otro lado, los escándalos del Banco Vaticano en temas de lavado de dinero y vinculación con el crimen organizado. Para colmo, la traición del mayordomo de Benedicto XVI, de quien se presume que filtró documentos privados a la prensa. La caída de la feligresía principalmente en Europa y su poco crecimiento en el resto del mundo, y que muchos católicos discrepan con las enseñanzas en temas como contracepción. Pero el nuevo Papa Francisco ha hecho un llamado al amor, la pobreza y la humildad como tareas de la iglesia. O se acaban de hundir, o las ratas saldrán corriendo al menos. La tarea no es fácil y requiere mucho liderazgo. Tiempos difíciles para quienes las profecías de Nostradamus han señalado como «El Papa Negro» (por cierto, color del hábito jesuita, orden a la que pertenece Francisco) o San Malaquías describió como Pedro Romano II, «En la persecución final contra la Santa Iglesia Romana reinará Pedro Romano, quien pastoreará a su grey en medio de muchas tribulaciones. Después de esto, la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez justo volverá para juzgar a su pueblo». Que sea para bien la labor del hasta ayer Cardenal Bergoglio. Jabaz en Milenio.
